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Mostrando las entradas etiquetadas como Botánica

La problemática de las especies invasoras.

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Uña de gato ( Carpobrotus edulis ) Uno de las mayores amenazas para la biodiversidad es la introducción de especies foráneas en hábitats en los que pueden desarrollarse de manera descontrolada. La Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) la coloca en segundo lugar, tras la destrucción de los hábitats, como causa de la destrucción de biodiversidad. Pero, ¿por qué son tan peligrosas?, ¿cómo puede una sola especie causar la desaparición de decenas de otras? Las repuestas son variadas y los mecanismos por los que actúan diversos, pongamos algún ejemplo. La introducción de especies exóticas, que en muchas ocasiones son más resistentes que las autóctonas a condiciones extremas, suponen un desplazamiento de las últimas. Así ocurre, por ejemplo, con la uña de gato ( Carpobrotus edulis ), utilizada profusamente en jardinería durante los años 80 y 90, que una vez naturalizada cubría extensas zonas de suelo sin dejar espacio a otras especies menos vigoro...

El árbol de los besos.

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Hoy 13 de marzo se celebra el día mundial del beso. Día que se celebra, rigurosamente, desde aquel año en el que una pareja tailandesa estuvo labio con labio durante 58 horas seguidas, ahí es nada. Records aparte, nos sirve para hablar de la flor que lleva el nombre de este romántico día, la rosa de China o la flor del beso ( Hibiscus rosa-sinensis ). Llamada así por su vistosa corola de cinco pétalos rojos, similar al carmín de labios. No es menos vistoso su gineceo, que sobresale varios centímetros y se remata con amarillas anteras. Un simbolismo, el del beso, que no termina en su similitud con los labios. En Hawaii, donde el hibisco amarillo es la flor nacional, es utilizada por las mujeres para dar a entender su disponibilidad al romance. Si colocan la flor en la oreja derecha significa que están interesadas en escuchar a sus pretendientes. Sin embargo, si la portan en la izquierda no quieren ni oír hablar del día de hoy. Cosas del amor.

El nazareno que sí salió esta primavera.

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Si fuiste por el campo pocos días antes de que empezara el confinamiento, quizá te encontraste, sin saberlo, con el único nazareno que verás este año en la calle. Y es que ese es uno de los numerosos nombres que recibe la planta bulbosa Muscari neglectum. Cubren, poco antes de la llegada de la primavera, los eriales y pastizales con un efímero color morado; el que tienen las numerosas flores que componen su erguida inflorescencia. Las más bajas hermafroditas, las superiores estériles. Pequeñas gotitas de color salpican los terrenos, en muchas ocasiones, degradados y poco fértiles. De ahí su nombre común, morados como túnicas de nazareno. El científico hace referencia a su olor a almizcle y a lo poco deseada en cultivos, por considerarse mala hierba. Quizá no repartan caramelos, pero anuncian la llegada del mayor espectáculo de la naturaleza, la primavera.

El árbol piadoso.

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Fotografía tomada a mediados de marzo en el Carrascalejo (Bullas), donde se encuentra una de las mayores poblaciones de esta especie. No lo hemos visto pero ha pasado. La primavera ha llegado. Por desgracia hemos sido ajenos a lo que en nuestro entorno natural pasaba. La savia a notado la llamada de la estación y, como maná revitalizante, ha puesto en marcha la maquinaria vegetal, encerrada durante meses en las yemas. Entre los milagros que nos trae esta época del año se encuentra la espectacular floración del árbol del amor ( Cercis siliquastrum ). Llamado así por su explosiva floración rosa. Brotan flores hasta de su mismo tronco. Como si quisiera embebernos de ese amor a través de su caulifloria. Por si hiciera falta insistir, nos ofrece en sus postreras hojas, una forma acorazonada característica. Siliquastrum hace referencia a su parecido con el algarrobo y a su facilidad para crecer de forma silvestre. "Algarrobo loco" podría ser otro de sus apelativos. Aun...

La timidez de las orquídeas.

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Tres semanas en cuarentena y, aunque el ser humano esté desesperado, el medio ambiente se toma un respiro. Los delfines y ballenas se acercan a las costas, las cabras invaden hoteles y la hierba levanta los adoquines que solíamos pisar. Una extraña flor ha aprovechado estos días en los que no es observada para mostrarse. Han bastado dos semanas de desaceleración para que el aire haya alcanzado los niveles de contaminación suficientemente bajos para permitir este espectáculo. La orquídea de Darwin ( Angraecum sesquipedale ) ha esperado el momento en el que nadie la mira, cual niño tímido, para florecer por primera vez. Ha ocurrido en un jardín botánico en Tenerife y no es algo habitual, ni que florezca fuera de su hábitat en Madagascar, ni que le demos la suficiente intimidad, en forma de descontaminación. Darwin, del que recibe su nombre, la consiguió ver gracias a su descubridor, el francés Louis-Marie Aubert, que le envió un ejemplar. Bien podría haberse llamado orquídea de Au...